Retorno

Heme aquí, de vuelta. Retornando a mis inicios… Cargado de frustración ajena por la incapacidad de algunas persona de mi entorno. Simpatía… Extraña palabra, vacía en nuestros días. ¿Para qué ponernos en lugar del otro si mi ombligo es mejor y más grade? ¿Para qué preocuparnos de las consecuencias de que nuestros patéticos y miserables actos en el resto de los mortales? Eso sí, luego nos brindarán consuelo y un lastimoso “yo no quería”.

Lógicamente estoy amargado. Me es inexplicable cómo la estúpidez y el egocentrismo de ciertas personas pueden llegar a complicarte la vida. Cómo por su falta de discreción por vicio al cotilleo fácil transforma tu vida en un hervidero de problemas. Por Dios !!! Que no me compadezcan!!! Que se metan su repelente lengua en sus repelentes ombligos y me dejen vivir mi vida en paz… ¿Acaso les debo algo? ¿les hice algo en otra vida? ¿les he hecho algo en esta?

Me cansa tanta ineptitud. Me agota la falta de humanidad y decoro. Me desborda tanto egoismo. Me duele, en esencia, su existencia. Y que nadie piense que lo hacen por maldad, que no es así. Es sólo ausencia de cualquier atisvo de inteligencia en esa cáscara vacía que sujetan desde el cuello por encima de los hombros. ¿Pero qué más da? ¿Qué importa tanta queja persistente cuando todo el daño queda hecho?

Donde no pise el suelo

Y allí me encontré… Personificando en un sola persona ira, llanto y fuego. Vislumbré entre las llamas de mi vergüenza racimos de esperanza que pisoteé dignamente pues quien nada espera, nada tiene. Alumbré con mi ignorancia sentimientos nunca tenidos ni por bien ni por mal, tan sólo por sensaciones vagas…

Entonces decidí que quería saber hacia dónde se iba mi menguante consciencia y miré en mis entrañas descubriendo mis faltas. Una lágrima fácil cayó de mi cara a mi regazo enseñándome desnudo al mundo. Al principio quise huir negándome a mi mismo, pero acabé por decidir que debía aceptar mi humanidad, fofa y carnal. Así que aprendí a no tanto quererme como aceptarme, pero finalmente, a no vomitar de tan sólo ser consciente de mi existencia. Era pesado pero era mío. Era hueso, grasa y piel. Era pelo desgreñado y ausencia de luz. No es que fuera sucio, pero me sentía como tal. En definitiva era físico.

Carecía de memoria, pero conocía el dónde y el cuándo estaba. Carecía de principios pero aprendí a adecuarme al entorno. Y así llegué al final, al abismo. Donde todo camino acaba. Me sentía fatigado y hastiado de tanto delirio. Sólo me quedaba dar un paso y despeñarme por allí, por donde no pisaba suelo.

Disculpadme Sin Haberos Ofendido…

Realmente y no sin cierto desdén, me presento aquí ante vosotros, humildes lectorzuelos. No es pretensión de éste, vuestro servidor, insultaros ni tan siquiera armar revuelo. Tan sólo acercarse a vuestras mentes y participar, con el menor de los engaños, aportando sucintas ideas, esquejes y apuntes varios.

Por pretender no pretendo nada, tan sólo exportar a algún punto indeterminado todo aquello que asoma por mi mente ajada con tanto convencionalismo y aquello políticamente correcto. Espero que quien quiera entender entienda y quien no, sólo palabras en un desierto de signos.